Correlaciones entre el precio y el consumo del tabaco

El blog de Vodafone Cooking Ideaspublica en su portada nuestra réplica a un artículo sobre la correlación entre precios y consumo de tabaco.

El fumar se va a acabar en 2056 en España

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Suecia, dónde solo el 15% de la población fuma en la actualidad, será el primer país occidental donde se deje de fumar: en 2028, según un estudio del grupo de investigación de Citigroup. Hacia mitad del presente siglo prácticamente el tabaco se habrá extinguido en los países de la OCDE –en España en 2056-, aunque en algunos países sobrevivirá varios siglos más, como Grecia, (2231, ¿) o Alemania (2280, ¿!).

La semana pasada comentaba los dudosos efectos de la subida del precio de los cigarrillos en el consumo de tabaco. El artículo ha sido rebatido por Ansgar Seyfferth, de la empresa alemana de estadísticas Stat-Up, y creo que merece la pena reproducir aquí esta réplica, así que pego el texto al final de este post.

La tesis del artículo era coherente con lo que dice Seyfferh: el precio es sólo un factor más que promueve o disuade en el consumo de tabaco. Lo que criticaba era el determinismo de las así llamadas “autoridades sanitarias”, que asocian la mortalidad producida por el tabaco con su precio de una manera un tanto simplista. El estudio que enlacé concluye que el consumo de tabaco desciende entre un 5 y un 7% por cada incremento del 10% en el precio del tabaco (una elasticidad del -0,4), pero no reduce necesariamente ese porcentaje el número de fumadores, como queda demostrado en el caso español.

El número de fumadores seguirá disminuyendo porque cada vez menos fumadores se incorporarán al hábito, en parte por el aumento del precio pero también por el creciente repudio social (“persecución” le llaman otros) que provoca el tabaco. El estudio de Citi Investment hace una proyección con las tendencias de consumo desde los años 60 del pasado siglo hacia el siglo XXI. Recordemos que a mediados del siglo pasado la mayoría de los hombres fumaba y muchas mujeres se incorporaron al hábito, por culpa de un feminismo que confundió la liberación con la esclavitud a la nicotina.

Pero la extinción progresiva del tabaco en occidente no supone ni mucho menos que el negocio se acabe. Las tabaqueras llevan décadas lanzando sus redes hacia los países más pobres, menos beligerantes con el tabaco y más laxos a la hora de legislar sobre la substancia. Sólo en China hay más fumadores que habitantes en Europa, así que el business está garantizado.

Visto en Telegraph.

Correlaciones entre el precio y el consumo del tabaco – respuesta a un artículo publicado en el blog COOKING IDEAS de Vodafone

Ansgar Seyfferth, Stat-Up.

distinción clara entre ambos conceptos, que el consumo de tabaco no solamente depende del número de fumadores, sino también de cuánto fuman los fumadores. Por tanto las consideraciones sobre la elasticidad de la demanda, no se pueden limitar al número de personas que dejan de fumar debido a una subida de precios, que representaría solamente la reacción más extrema del fumador, que es reducir su consumo a 0, como caso opuesto al otro extremo, el de un fumador que no modifica en absoluto sus hábitos por el precio. Porque también el caso intermedio, el de los fumadores que siguen fumando pero en menor medida, contribuiría a la reducción del consumo global, y igualmente tendría efectos positivos para la salud.

Parece de sentido común, acorde con las teorías económicas, y de hecho estudios internacionales así lo afirman – entre ellos curiosamente el estudio europeo, con participación española, al que pertenecen los gráficos que se incluyen en el propio artículoque una subida de precios sí reduce el consumo*.

En el artículo se trata de refutarlo, alegando que la proporción de fumadores en las Islas Canarias es algo menor que en el resto de España a pesar de un precio muy inferior del tabaco en Canarias, y que en Suecia, donde el tabaco es (en relación con el poder adquisitivo) igual de costoso que en España, se fuma mucho menos (aunque según el estudio citado, la diferencia es menor de lo que se afirma en el artículo). Pero eso solamente demuestra que los hábitos de fumar no dependen exclusivamente del precio del tabaco, sino también de otros factores (culturales, sociales, etc.), lo cuál es una obviedad: a nadie se le ocurriría intentar explicar el consumo de tabaco solamente por su precio (entonces los puntos en el gráfico tendrían que situarse exactamente en una línea y no en una nube).

Pero aquí la cuestión es si el precio del tabaco es uno de los factores que influyen en el consumo. Para averiguarlo no se pueden elegir unos pocos datos, justo los que apoyan una cierta teoría, y obviando los demás, sino hay que tener en cuenta el conjunto de los datos, que acorde con el estudio citado confirma la correlación negativa entre precio y consumo, y de hecho ya un simple vistazo a los gráficos así lo sugiere: A pesar de la dispersión de los puntos por las diferencias culturales entre los países**, se observa una tendencia a la baja a mayor precio.

Por lo tanto, el artículo no aporta datos ni argumentos que  justifiquen la conclusión que el efecto de una subida del precio de tabaco sea un mito.

(*) No quiero entrar en el debate de si el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo exagera este efecto, tal vez extrapolandolo en exceso de manera lineal, hasta subidas de precios muy grandes, obviando que en estos casos la elasticidad puede variar sensiblemente, y que se puede dar el caso de que se recurra en mayor medida al tabaco ilegal de contrabando, o a tabaco de otros países con menores impuestos (como lo están haciendo de hecho muchos franceses en España, puesto que en Francia los impuestos de tabaco son mayores aún).

(**) Hay que tener en cuenta que el estudio en cuestión es transversal (comparando diferentes países Europeos en un momento concreto, con lo cuál aparecen, aparte de las diferencias atribuibles al precio, también las que se deben a las grandes diferencias culturales entre los países Europeos) y no longitudinal (observando la tendencia en un solo país conforme evolucionan los precios, reduciendo así el efecto de la diversidad cultural).